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La comunicación es la acción consciente de intercambiar información entre dos o más personas. La comunicación se divide en comunicación verbal (hablada), comunicación no verbal (sin usar palabras, haciendo gestos y movimientos) y comunicación escrita.

¿Os acordáis de haber estudiado esto en el colegio? El impacto de los móviles está cambiando progresivamente nuestra forma de comunicarnos decantando la balanza hacia la comunicación escrita. Hay incluso quién solo se siente cómodo comunicando a través de chat, lo que empieza a desatar múltiples alarmas. Pero por más augurios agoreros que nos cuenten, nada podrá acabar con la emoción de una conversación y más si esta última se desarrolla cara a cara.

La mímica para mejorar nuestro lenguaje no verbal

Y al hablar de tú a tú, tan importante es el qué decimos como el cómo lo decimos. En cualquier conversación, más del 50% de la información la trasmitimos de forma no verbal, a través de nuestra expresión corporal: gestos con la cara, movimientos de manos, posturas… Hasta los 3 años todos nos comunicamos fundamentalmente de forma no verbal, usando toda la capacidad expresiva de la que estamos dotados: la física (movimiento del cuerpo), la psíquica (trasmitiendo emociones mediante gestos) y la social (porque necesitamos ser entendidos por los demás).

La clave, por tanto, no sería tanto desarrollar nuestra expresión corporal, como aprender a no perderla. Y para ello contamos con un fantástico recurso dramático: ¡EL MIMO! 

Juegos de mímica: aprendemos a hablar sin hablar

El mimo es el lenguaje del gesto por excelencia, fundamental en el teatro, donde además de acompañar a las palabras, las sustituye. En Face 2 Face trabajamos la mímica muchísimo porque al hacer teatro educativo en inglés, el público tiene que entendernos incluso cuando su nivel de inglés aún es bajo. Mediante el dominio gestual y corporal, al niño le vamos creando la imagen del texto teatral –las situaciones, las emociones y los sentimientos– y es así como el pequeño nos comprende, al tiempo que aprende. 

Tan convencidos estamos de que el mimo es uno de los recursos más divertidos, creativos y educativos que existen, que os proponemos JUGAR A HABLAR SIN HABLAR. El orden de los juegos os los planteamos siguiendo las progresiones clásicas de la escuela de teatro. En casa, ¡que escojan los pequeños a qué jugar!

Juego 1: El espejo

Cara y manos son la parte más visible de la expresión con la que comunicamos nuestros sentimientos. Vamos a poner caritas, representar emociones y que el resto de jugadores las adivinen. Podemos jugar de 2 maneras:

El niño se coloca delante del resto jugadores, sentado en una silla, representa la emoción y quién la acierta es el siguiente en salir.

Hacemos una fila o corro en el que todos damos la espalda al niño que se la liga, menos el que se sienta a su lado. El pequeño representa a su “vecino”; éste, lo que ha entendido, al siguiente; y así sucesivamente hasta que completamos la fila o el corro. Como en “el teléfono escacharrado”, el último es el que tiene que dar nombre a la emoción representada. 

Solo se pueden usar la cara y las manos para jugar, se trata de evitar mover todo el cuerpo y concentrar la comunicación en la expresión gestual.

Si los niños son muy pequeños, es recomendable jugar solo con las emociones básicas –alegría, ira, sorpresa, tristeza, miedo y asco–; si son mayores podemos incorporar más –por ira, diferenciamos entre enfadado y furioso; el miedo lo clasificamos en nervioso, asustado y aterrorizado; etc…–. Dominadas las emociones, al juego se le pueden añadir sensaciones: sueño, hambre, frío, calor

Titanic Teatro en inglés
Titanic Teatro en inglés
Titanic Teatro en inglés

Un truco para ayudar a los peques con un elemento visual, es usar los emojis del móvil. Si os gustan las manualidades, fabricad fichas, cartas o tarjetas con el emoticono y el nombre de la emoción escrita debajo en castellano o en inglés. 

Juego 2. ¿Quién soy?

Sencillo, se trata de adiviniar a quién estás imitando mediante mímica. Podemos usar todo el cuerpo y mediante gestos, posturas y movimientos representar animales, profesiones, acciones –cocinar, clavar un cuadro, estudiar…–. 

Os proponemos una dinámica muy divertida del “¿Quién soy?” para realizar esos días de verano en los que se reúne toda la familia: abuelos, tíos, primos… Cortad un folio en pedacitos, id escribiendo el nombre de cada uno y meted los papelitos en una bolsa o caja. El que se la “ligue” tiene que coger un papelito e imitar mediante mímica a la persona cuyo nombre está escrito en el papelito. No se le puede escapar ninguna palabra, tampoco se puede usar ningún tipo de objeto, solo mimo. Parece sencillo, pero es más complicado de lo que parece. Y muy, muy divertido.

Juego 3. El baúl mágico

Avanzamos con la mímica, casi somos profesionales ya, así que estamos preparados para improvisar. La improvisación es sustancial al teatro y fundamental para desarrollar la imaginación. Vamos a improvisar con objetos

El juego consiste en meter objetos comunes en una caja: una cuerda, una pelota, un bolígrafo, cuántos más mejor. Con cada uno de estos objetos habrá que hacer un pequeño mimo, pero… ¡Magia! Dando a cada objeto otra utilidad distinta de la que tiene. Por ejemplo: la pelota es ahora la bola mágica que utiliza un hada para ver el futuro; el bolígrafo se ha convertido en un cepillo de pelo. El que adivine en qué se ha convertido el objeto dentro del baúl mágico, se la “liga”.

Juego 4. La pantomima

Ya somos mimos, podemos hacer una representación completa. Sin hablar, esa es la regla, pero poniendo todo nuestro potencial en gestos y movimientos. Si somos muchos, nos dividiremos en grupos; si somos pocos, lo haremos individualmente. 

En 5 minutos controlados por reloj, tenemos que representar mediante mímica una acción de la vida cotidiana. Por ejemplo, atracar un banco. ¡Uf, esto no es ni cotidiano, ni lo hacemos, pero vale como pantomima!. Otros ejemplos más comunes: hacer una tortilla de patata, ir al trabajo,… 

Una versión muy divertida para jugar en familia es realizar una pantomima de momentos representativos de la historia familiar. Por ejemplo, la boda de un hermano, la cena de la Nochebuena pasada… Para ponerle más emoción, se puede incluir el factor sorpresa usando fotografías y elegirlas al azar. 

¿Divertidos?

No me contestes,

que tu expresión me lo diga todo.